Es múltiple la luna literaria y todas sus luces en la vertiente de la poesía costarricense. Pero vamos a empezar con grandes maestros y poetas que han dedicado su obra con asombro y han llegado a muchos lectores por su variabilidad y trabajo consecutivo hasta perder los límites. Cada uno es admirado por mi pequeña lupa y por sus diversos estilos, y por su fragmentaria vida entre la Cátedra, el oficio y la calidad de gestión constante. Se centra esta recopilación, no es su espléndidos premios, todos merecidos, sino en su labor como poetas desde todas las exploraciones íntimas hasta las impresiones sociales que van de la mano.
Este es un breve panorama inicial y literario que irá creciendo como una enredadera exploratoria de espacios y altitudes donde crece desaforadamente. Aún los poetas mencionados están entre nosotros, toda su persona y vida más clara que nunca. Y nos honran como primicia en DECENIO para que el lector asuma su derecho y reconocer así que, ante las letras hispanoamericanas, Costa Rica entra en el mapa. Serán muchos, pero la visibilización entra en un juego histórico que se les debe y que ya han ganado su ruta hacia la demarcación de grandes escritores. Invitados están a leerles.
Luissiana Naranjo Abarca
Escritora, crítica, docente y gestora costarricense.

ALFONSO CHASE
Se le está celebrando sus 70 años de vida literaria.
A través de sus innumerables cargos que ha desempeñado en diversas instituciones culturales y educativas del país, se encuentran, entre otras: profesor de talleres literarios en la Universidad Nacional, asesor en la Vicerrectoría de Extensión, investigador en la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje, Director de Extensión del Centro de Estudios Generales y otros cargos en dicha Universidad donde, por sus múltiples publicaciones y cargos ocupados en la educación superior se le concedió el título de Catedrático en 1989.
Toda su vida ha girado alrededor de la cultura oficial del país. Ha ocupado puestos de diversa naturaleza en casi todas las instituciones de Costa Rica: Editorial Costa Rica, Asociación de Autores, Ministerio de Cultura Juventud y Deportes, en donde actualmente ocupa la Dirección Nacional de Cultura, puesto al que recientemente renunció, y además ha ganado casi todos los premios que este país ha otorgado en diversas ramas del acontecer literario: Premio Magón, Aquileo Echeverría de cuento, poesía y novela, etc
Maneras de la carne
El objeto desea, el sujeto seduce.
La palabra no sirve ya para decir
lo que antiguamente estaba detenido
en el vasto horizonte.
La vulgaridad enseña sus dientes
sin metáforas y todo repite
un canto en monosílabas.
Escribir no es solo ordenar las palabras.
El poema seduce, el objeto desea.
Ambos se enfilan hacia la imagen viva
del entierro del Conde de Orgaz.
Sobre la negra lasitud, el Greco
nos muestra la extraña palidez
de sus criaturas. Eso podría ser
la imagen más delicada de un infierno.
¡Que un efecto óptico me acerque
y me separe de ti! Pero estás allí:
levísimo, como sale el vampiro de la cripta
para beber la sangre de mi cuello.
El objeto habla como la noche.
El sujeto se entrega, a ras de sol,
el último destello del crepúsculo.
He sido lo que pude ser
Yo, el diluido.
El ectoplasma miedoso de un fantasma
que logra percibirse en el espejo.
Pensé que ya nada habría de ocurrir.
Ni siquiera encontrarte. Percibirte
entre las brumas del parque,
no en las extrañas neblinas, sino en la opaca luz
de algo que allí ya había ocurrido.
Los fantasmas no logran encontrarse nunca.
Solo pueden ser vistos
por los ojos de alguien
que espera a una estrella de mar.
Voy a ocultarme en el silencio.
Para que me abandones.
A mí, el diluido
en la basura solitaria de algún parque.
Tus zapatos, grises y rojos,
guardan todavía el calor de mis pies,
evanescentes.
2011, Parque Central
Balada de las madres de alquiler
Cedemos al vientre para que nazca la vida.
Diez mil dólares exactos: contrato a nueve meses,
óvulo y espermatozoide, sin amor o soplo celestial,
darán su fruto acostumbrado.
Nada detiene el deseo del dinero. Ni la calma
que sobreviene al parto por este hijo no deseado,
ni el latido del cuerpo ajeno que ya nunca veremos,
ni el hilo umbilical que alguien tirará, sin ternura,
en la aséptica perfección del hospital.
El mundo es una madre de alquiler.
El universo es un infierno celestial,
como el cuerpo que ofrecemos
para hacer felices a otros, que ni siquiera amamos.
El amor no existe. La oscuridad del lenguaje del cuerpo
no nos compete. Somos las madres de alquiler:
diez mil dólares exactos.
Un contrato: óvalo
y espermatozoide, en exacta conjunción,
desatan sus luces en lo profundo del vientre.
La humanidad avanza, a tientas
sobre la oscura caverna del dinero
y con toda la vacuidad del universo en este oficio
de alquilar el cuerpo y liquidar al alma.
Y, sin embargo: EN DIOS CONFIAMOS.

MÍA GALLEGOS
Es una reconocida poeta, ensayista y periodista costarricense, galardonada en múltiples ocasiones con el Premio Nacional Aquileo Echeverría en la rama de poesía. Reconocida internacionalmente y hace poco homenajeada en el Encuentro Iberoamericano por la Universidad de Salamanca. También, ha sido gestora y presidente de la Asociación Costarricense de Escritores y promotora de voces femeninas.
Autorretrato
Heme aquí
con mi elemental pobreza:
dos piernas, dos brazos
y un cuerpo hecho de agua en el espejo.
Si me deslizo entre perfiles
nadie puede hallar la otra cara
de mi rostro en el espejo.
Mas si muestro lo que soy,
quedan desnudos e intactos los deseos:
los ojos, la frente alta, el dedo con el que desino lo que es mío
y lo que amo.
Y, por último,
escondida está la boca
acompañada de pliegues imborrables
que nadie, ni siquiera tú,
podrás borrar con besos.
Psique
Ella sueña con un hombre que la mira dormir.
No le sonríe
para no distraerlo de su contemplación.
La amada, de tantos sueños, duerme
y se vuelve metáfora de polvo.
Él contempla
e imagina una palabra para nombrarla.
La encierra entre su voz y la guarda para sí.
¿Ariadna? Él pregunta.
Ella tiembla en sus almohadas.
¿Psique?
Ella entonces derrama unas gotas de su lámpara de aceite.
Lo unge sobre su frente.
Lo besa y se va.
Dolor
Hoy han venido todos a mi lecho.
Todos.
Los dolores fieros,
esos,
los insoslayables como ciertas lágrimas,
esos que no tienen ni cura, ni alivio, ni consuelo.
Ese dolor que para otros se llama nostalgia
y para mí se llama abuelo.
También vinieron otros,
los que antes, ayer, hace un instante,
no tenían nombre, ni apellido
para poder nombrarlos.
Digo todos desde adentro,
y las siluetas se dibujan en las cuatro paredes.
Musito el nombre de Dios y no puedo rezarle,
porque nunca,
porque antes,
porque hace ya mucho tiempo,
ese hombre, deidad, hacedor hambriento
cruzó mi propio umbral y ya es conciencia.
¿A quién entonces decirle la última palabra,
la plegaria a medias,
en mitad de un llanto tranquilo, total,
sin espasmos?

ARABELLA SALAVERRY
Escritora y actriz. Gestora cultural. Premio Nacional de Cultura Magón 2021. Medalla Universidad Nacional por su aporte a la Cultura 2025.
Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría en 2019 rama poesía y en 2016 rama cuento. Gestora cultural. Realiza estudios en México, Venezuela, Guatemala y en Costa Rica. Ha publicado: tres novelas, tres libros de cuentos, y trece poemarios en Costa Rica y España – y edita la primera antología bilingüe que se publica en el país, Mujeres poetas de Costa Rica 1980-2020.
Su obra literaria aparece en antologías en América, Europa y Asia; considerada en periódicos, revistas y blogs literarios de diversos países. Escenarios de varios países han albergado su voz en recitales personales. Poemas suyos han sido traducidos a múltiples idiomas Invitada a Encuentros y Festivales de Escritores nacionales e internacionales. Jurado en concursos nacionales e internacionales de poesía y narrativa. Ha participado como actriz protagónica y de reparto en más de 40 montajes de diversas instituciones, así como en 20 proyectos cinematográficos.
Trabaja en producción, dirección y actuación para radio, cine y televisión. Imparte talleres de escritura creativa. Y es comentarista del medio digital La Revista CR. Su obra gira en torno a temas de género, ontológicos y sociales.
Canción de niña africana
Yo tuve una corola
tuve una flor espléndida
yo tuve una anémona
que también fue fruta de la pasión
Tuve una flor de suculentos pétalos
yo tuve una sencilla mariposa
durmiendo entre los muslos
Tuve una golondrina
Yo tuve un grillo cantando
un abejorro
tuve una tórtola
soñando entre los muslos
Pero un día
me latió un pájaro
de desconsolado vuelo
La tradición fue navaja
de un turbulento trazo
enmudeció mi grillo
la mariposa abortó su vuelo
desapareció la fruta
la corola se anegó en mi sangre
Ahora tengo un poco de nada
muriendo entre mis muslos.
(Del poemario Afrodita anochecida?
New York
Las mariposas se incrustan
en el alto estallido del cemento
Juro que caminé Manhattan
yo despoblada
en un bosque de piernas extranjeras
Traté de asir una mirada
cualquiera
pero únicas la materia
argamasa el acero
responden.
Las palomas bravías no encuentran
dónde depositar sus nidos
Un viento de prisas
de ahogos
recorre tus calles ateridas
Sé que hay un mundo escondido en el asfalto
vibra como el corazón de un pájaro carpintero
trato de desenterrarlo de su muerte
pero mis manos terminan en muñones
Te prometo
que seguiré hurgando en tus resquicios
hasta encontrar el mástil donde ondeará el desvelo
se cubrirá entonces la noche con arrecifes
mareas de otros mares
en mi insomnio te seguiré nombrando
hasta que al fin seas mía.
Exilios
Exiliada hasta de exilios
no conocí olor de cunas
ni acentos arrullándome
No reconocí paisajes
como ciertos
ajeno el mar
también las golondrinas
No me vestí con las montañas
y los ríos no deletrearon mis silencios
el amanecer fue crepúsculo
Y la nieve verano
No conocí a ciencia precisa
por dónde sale el sol
dónde se oculta.
Un juego de engaños recurrente
El hilo de la extranjería
corrió sin pausa por mis venas
No comí en platos de amistad
ni me abrigaron aromas inequívocos
Giran a mi alrededor mil calles
de mil sitios
que no terminé nombrando como míos
No aparece mi nombre
en la primera o la última página
de una biblia
o en alguna tarjeta identitaria.
Debo explicar origen y destino.
Aliada la soledad
siempre fiel siempre constante
para acompañar los días.
He vivido exiliada de mí misma.
El exilio es un resumen de la ausencia,
(del poemario Otras lunas)

CARLOS VILLALOBOS
Carlos Manuel Villalobos (Costa Rica, 1968). Entre otros reconocimientos ha recibido el Premio Nacional de literatura en el género de novela, Premio edición 34 de cuentos Ciudad de Coria (España), Premio “Diario Jaén” Novela Corta (España) y Premio Internacional de poesía “Vicente Rodríguez Nietzsche” (Puerto Rico). Ha publicado once libros de poesía, cinco de narrativa y dos de ensayo. Es doctor en Literatura Centroamericana, máster en Literatura Latinoamericana y licenciado en Periodismo. Se desempeña como docente en la Universidad de Costa Rica donde fungió como Vicerrector de Vida Estudiantil y director de la Escuela de Filología y Lingüística.
Asma
Yo nací con un gato adentro que maullaba noche a noche.
Dormido en mi pecho hablaba de los truenos
en una lengua de fantasmas.
Mi madre lo alimentaba con aceite de tomillo
pero el gato quería conocer el aire
quería conocer el aire
y me aruñaba los pulmones
como si ahí estuviera la puerta de una cárcel.
A veces tapaba mi faringe con orugas
y no había otro remedio que matarlas
con el ruido de un caballo.
No servía el humo de los grillos
ni el agua de la piedra virgen.
El gato quería conocer el aire
quería conocer el aire
y yo escuchaba sus rosarios
y las uñas del insomnio
y un pequeño colibrí encerrado
en el fondo de su pobre pecho.
Tal vez lo asustó la yerba de mascar recuerdos
que tenía mi padre
o quizá la aguja de tejer hechizos
con que hilaba abuela
las palabras de cada día.
El caso es que una tarde
no sé cómo
el gato abrió mi boca
y saltó por la ventana.
Desánimo del padre
Yo creía que la tristeza era el gesto natural de todo padre.
No sabía entonces que también los ríos mienten
y que es vieja la costumbre de hundir el rostro debajo de sus aguas.
Pero este padre
lo supe luego
malvendía la nostalgia en las cantinas.
Cuando por fin llegaba a casa
era un cuerpo de reptil sin fuerzas.
No era el mismo.
Vomitaba demonios a la orilla de la culpa
Por la nariz
en forma de brasas derretidas
le chorreaba el miedo.
Mi madre
del susto
le pedía a la Virgen del Carmen que hiciera sol para calmarlo.
Los perros
del susto
corrían a abrir la noche para volverse ciegos.
Al otro día
un caldo de gallina le curaba las ganas del suicidio
y entonces juraba que no iría nunca más a morder el agua del desánimo
me lo juraba con los dedos en cruz sobre la boca
me lo juraba por el sagrado corazón de Jesús en el calvario
pero los ríos son débiles
y les mienten a los niños
como un padre cuando tiene sed
y nada lo detiene.
El río que matamos
Se oía como el llanto de un trueno.
Llegamos a pensar que tal vez era el alma en pena de un volcán con ira.
Pronto supimos que un lagarto de hambre le había roto la garganta al río.
Corrimos con vendas de urgencia a coserle los ronquidos.
Pero no hubo forma de atajar el murmullo
y menos los rumores del agua ya sin aire.
Tenía la cola alicaída como un árbol cuando pierde el equilibrio.
Alguien dijo que lo mejor era matarlo de un balazo.
No había caso que sufriera más.
Lo amarramos del hocico y a rastras lo llevamos a un barranco.
Sonó el balazo.
Se oyó el resuello.
El río cayó sin habla a la orilla de su cuerpo.
Ni una gota de sí quedó en el aire que dolía.
Ahora el resoplo que se oye es un insecto,
un animal de monte que tal vez escapó con vida
o quizá esto que desagua la tristeza es un fantasma
un río sonámbulo
que va de pueblo en pueblo
sin saber que lo matamos.

ROBINSON RODRÍGUEZ
Robinson Rodríguez Herrera, realizó estudios formales en la Facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica, donde tuvo de profesores a autores tales como Joaquín Gutiérrez, Fabian Dobles y Carlos Duverrán. También tuvo la oportunidad
de asistir a conferencias, talleres y seminarios de autores tales como Pablo Antonio
Cuadra, Juan Gelman y José León Sánchez.
Participó en el año 2001 como invitado del Poeta Jesús Cos Causse, en el Festival
Internacional de Caribe y el Fuego, auspiciado por la Casa del Caribe y la Dirección
Provincial de Cultura de Santiago de Cuba. Participó y publicó trabajos literarios en
la Revista literaria “Ruptures”, de Quebec Montreal Canadá, Revista Revenar (CR),
Revista Nacional de Cultura (CR), en la revista literaria Ajoko Ki de la UCR
(https://www.revistaajkoki.com/index.php) y la revista literaria española “Visor”.
Participó en las antologías: Tertulia del Bosque, Elije Vivir, Cuentos Reunidos I y II,
“El poeta y el Medio Ambiente”, Poesía Viva Costa Rica 2025, y en el Movimiento
Palabra y Punto (TN 2026). Tiene un blog de haikus:
( https://lamiradadelnomada.blogspot.com/)
En el año 1996 obtuvo el segundo lugar en Poesía, Juegos Laborales de la Seguridad Social. En el año 1998 obtuvo el primer lugar en Poesía, Juegos Laborales de la Seguridad Social. Fue ganador del concurso de Relato de la Revista Nacional de Cultura de la UNED en el año 2011. En el año 2017 publica el libro de poesía La Mirada del Nómada. En el año 2020 publica el libro El Aliento de Pandora. En el año 2021 publica la novela El Imperio Verde. En el 2022 publica el libro El
encantador de luciérnagas. En el 2023 publica el libro Gris y Carmesí. En el 2019:
el Premio “Presidente” del gobierno de Japón-JICA.
Aparte de la literatura, su tiempo libre lo dedica a practicar técnicas de meditación
Zen que aprendió durante el tiempo que fue estudiante de postgrado en Sendai,
Japón.
Legado
De mi paso en la vida
dejo un halo de palabras.
Brotan y caen al lado del camino,
escucho su galope de corceles desbocados
rompiendo el velo del silencio.
Pablo Antonio Cuadra
Cuando en su corazón cesó todo murmullo,
los navegantes del gran lago
encendieron linternas.
A pesar del sol
algo sobrenatural
transmutó el color de las corrientes,
un delfín blanco nadaba entre las barcas.
Las islas silenciosas
se llenaron de bruma,
se detuvo el mundo,
se detuvieron las prensas,
2
el cantor de estos pueblos había partido…
la tierra y el lago lo lloraron
en el crepúsculo entre las nubes,
en el párpado de las aguas.
Cántico de exilio
Patria,
dispersa y doliente,
eternamente amada.
Al partir miraba en tu frente
una corona de lunas y promesas,
lágrimas de memorias oscuras
y el espejismo de un mañana.
Tienes alma de mujer infinita,
de la que marcha valiente al camino
con sus pies descalzos,
recorriendo una y otra vez
un sendero de incertidumbre.
¿Dónde están aquellos que dijeron amarte?
¿Dónde escondieron los ojos
para negar los sueños y las voces
de tus hijos dispersos?
¿Cuándo acabará por fin el tiempo de la zozobra?
¿Cuándo retornarán a tu regazo
las constelaciones,
la calidez de la lluvia,
los cantos y las danzas?

JULIETA DOBLES
Nació en San José, Costa Rica, el primero de marzo de 1943.
Formación académica: cursó estudios de Biología (1965) y Filología Española en la Universidad de Costa Rica y obtuvo un postgrado en Literatura Hispánica en Nueva York (1986). Ingresó a la Academia Costarricense de la Lengua en 2004, con un discurso sobre El poema como búsqueda interior.
Firmante del Manifiesto Trascendentalista en 1976.
Principales obras publicadas: Reloj de siempre (1965), El peso vivo (1968), Los pasos terrestres (1976), Hora de lejanías (1982), Los delitos de Pandora (1987), Una viajera demasiado azul (1990), Amar en Jerusalén(1992), Costa Rica poema a poema (1997), Poemas para arrepentidos (2003), Casas de la memoria (2003, 2026), Hojas furtivas (2005), Fuera de álbum (2007), Cartas a Camila (2008), Espejos de la memoria (Primer tomo de su Obra en Marcha,(2014) Trampas al Tiempo (2014), Lunaridades (Antología, 2014), Envejecer Cantando (divulgación científica) (2015-2016), Poemas del Esplendor (2016), Poemas del Reencuentro (Antología, Nueva York, 2019), Desde la Alta Ventana de los Años (2020) , Como la Misma Vida (Relatos autobiográficos, 2016 y 2026) y Colores de la Incertidumbre (2024) Representó como diplomática a su país en Madrid, Nueva York, Jerusalén y Paris.
Actividad académica y docente: Catedrática jubilada de la Universidad de Costa Rica. Instructora de Talleres literarios por muchos años. Hoy participa del Taller Literario Poiesis. Honores y reconocimientos: Primer premio de la Editorial Costa Rica (1976), cinco veces Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en poesía, un accésit del Premio Adonais, de Madrid (1981) y Premio Nacional de Cultura Magón de Costa Rica 2013. Sus poemas han sido publicados en revistas y antologías literarias en Estados Unidos, España, Rumanía, Francia, Nicaragua, El Salvador, Colombia, República Dominicana, Uruguay, México, Japón, Praga y Costa Rica.
De niños y de árboles
Mi nieta Soledad dibuja árboles,
centenarios, veraces,
plenos de nudos y neblinas
y cuernos y raíces,
árboles de su imaginación de siete años
que aún no llegan a ser.
Es un poema su complicidad
con los genios que nacen,
vivificando el bosque,
una delicia su trato de otras vidas
con las ramas urgidas por el viento,
una sabiduría inexplicable
su interpretación de tanta magia
con el lápiz obtuso, pero alado.
Y yo me quedo meditando, inquieta,
sobre la alianza clandestina y magnífica
entre los niños y los árboles,
como si ambos supieran algo
que yo olvidé, desmemoriada ahora
de tantos esplendores
que se quedaron lejos,
en el portón veraz y clausurado
de mi infancia.
Ráfaga
“Tus hijos no son tuyos.
Son hijos del anhelo de la vida.”
K.Gibran
Sobre mi casa, ráfaga,
entre mi casa, hielo.
Un viento ineluctable,
destinado y urgente,
ha vaciado de voces
su aire de mansos ventanales,
pintó de ausencias sus rincones,
y garabatea penosamente
un silencio mayor sobre los muros,
como el de un templo traicionado y vacío.
Un viento ya esperado, y no por ello
menos furibundo y tenaz
ha esparcido las voces de mis hijos,
ha soltado nuestras manos,
entre vuelos y nuevos estandartes.
Es ráfaga en la cumbre,
es hielo en el umbral.
Y yo sigo abriendo las ventanas
que pretenden cerrarse,
desparramo el calor que prodigan mis manos,
y pretendo ignorar tanto silencio
poblándolo de música.
Me he pasado la vida rodeada de canciones,
de voces, gestos, risas, voluntades.
Y de pronto, este viento puntual
lo invade todo y se traga el pasado,
da un portazo, y me quedo,
las manos extendidas en mitad del umbral
de imposibles retornos.
Corro a abrir esa puerta,
la misma que ha golpeado
su soledad oscura en el batiente.
Mis hijos siguen, más allá,
empujados por la ráfaga terca
de un destino que se abre
en urgentes caminos.
Hijos, manos mías en el mundo,
que no reclamaré.
Del libro: HOJAS FURTIVAS (San José, 2005 y 2007)
De palabras
La palabra, tu palabra
es un barco certero hacia el deseo.
Lanza tan primitiva,
caricia tan urgente,
lindando casi con el rojo
mordisco de lo obsceno.
Tu palabra me sobresalta,
me desata, me incita.
De repente, plenamente verbal,
me humedezco de esencias germinales,
y se activan mis manos,
mi cuerpo, mi palabra también
para domar el aire con la tuya.
Tu palabra, furtiva entre mi oído,
antiguo moscardón malicioso,
me cosquillea el instinto.
Subleva mis silencios
y, exacerbada de penumbras
nos acerca y nos une
en esa vieja danza
de los cuerpos deseantes y absolutos.
Tu voz y mi voz se están amando
entrecortadas, susurrantes,
plenas de excitaciones, de turgencias,
de alientos agresivos o ternísimos,
entre un silencio despeinado y gozoso.
Palabras que se tocan,
se muerden, se estremecen
en esa enredadera de deseos
que es sólo aire empapado y aromoso.
Hacemos el amor también con la palabra.


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