Categoría: Cultura

  • Entrevista con Henry Briceño Portocarrero: “La distancia no diluye la resistencia, la multiplica” Por: Floylan Callejas

    Entrevista con Henry Briceño Portocarrero: “La distancia no diluye la resistencia, la multiplica” Por: Floylan Callejas

    El escritor nicaragüense exiliado Henri Briceño Portocarrero presentará su libro DESTIERRO el sábado 24 de octubre en el centro cultural La Malinche, en Barcelona.

    La actividad será presentada por la doctora Ana Margarita Vigil, también exiliada en España.

    Briceño comenzó a escribir la obra durante su tránsito por Costa Rica y la concluyó en España, después de pasar por Francia e Italia. DESTIERRO ya fue presentado en Madrid y Zaragoza. En esta entrevista, el autor habla de la nostalgia por Nicaragua, su vínculo con Jinotepe y San Rafael del Sur, la responsabilidad cívica del exilio y la escritura como respuesta a la expulsión y al intento de borrar la memoria.

    Floylan Callejas: Estuviste primero en Costa Rica y luego te fuiste a España. ¿Cuál ha sido tu nostalgia, tu memoria y tu sentimiento hacia Nicaragua y hacia tu pueblo, San Rafael del Sur, desde el exilio?

    Henri Briceño Portocarrero: Mi tránsito por Costa Rica, Francia e Italia hasta llegar a España no ha sido un simple viaje, sino la ruta del desarraigo que compartimos miles de nicaragüenses. Estar hoy en Europa, físicamente más lejos de mi patria, solo ha agudizado mis sentidos y profundizado mi compromiso: la distancia no diluye la resistencia, la multiplica.

    No es el lamento pasivo de quien extraña, sino la negativa rotunda a olvidar el olor de la tierra mojada de mi país y el calor de su gente. Extrañar a Nicaragua es mantener viva la llama de la justicia frente a un régimen criminal que pretendió silenciarnos confiscando nuestra tierra y nuestros bienes, pero que jamás podrá confiscar nuestra identidad.

    A diario transito sus calles con los ojos cerrados, evocando el rumor y el olor de los balnearios de La Boquita, Masachapa y Pochomil. Jinotepe, mi pueblo natal, y San Rafael del Sur, mi pueblo adoptivo, no son recuerdos estáticos: son territorios libres que laten dentro de mí, bastiones de resistencia cultural e histórica que me recuerdan de dónde vengo y por qué lucho.

    Siento el terrible dolor de una patria herida, mutilada por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo y fragmentada por el éxodo forzado. Pero, por encima de las lágrimas, prevalece en mí la certeza absoluta de la libertad. Lo que me mueve no es la derrota, sino el orgullo de pertenecer a una Nicaragua que no se doblega.

    Los déspotas Ortega y Murillo, sus hijos y sus cómplices pueden ordenar destierros y levantar fronteras, pero son incapaces de clausurar el pensamiento. Desde España sigo siendo un hijo de Jinotepe y San Rafael del Sur en este destierro no deseado: una voz que no calla, un nicaragüense convencido de que ningún invierno o verano dictatorial dura cien años y de que el retorno a nuestro país es nuestro destino inevitable.

    Floylan Callejas: ¿Cuál crees que debe ser el espíritu cívico y ciudadano del pueblo nicaragüense en este contexto crítico, frente a un régimen que se niega a abandonar el poder?

    Henri Briceño Portocarrero: Estar desterrado no significa estar ausente. Al contrario, implica asumir la responsabilidad ética de denunciar lo que la dictadura intenta sepultar bajo el terror. Frente a un régimen que se aferra al poder dinástico mediante las armas y el miedo, los nicaragüenses en el exilio tenemos la obligación de ser reserva moral y memoria viva de la nación.

    Nuestra libertad en el exterior es una herramienta política. El civismo desde aquí consiste en no cansarnos de tocar puertas internacionales, en impedir que la crisis de Nicaragua caiga en el olvido de la agenda global y en llamar a la tiranía por su nombre. Romper el cerco informativo de la dictadura Ortega-Murillo es nuestro primer acto de rebeldía.

    La dictadura celebra nuestra fragmentación. Por eso, uno de los mayores actos de resistencia cívica colectiva es construir comunidad en el exilio, tender la mano al compatriota que acaba de llegar con los pies lastimados y la dignidad herida, y transformar el dolor del destierro en organización. La patria no se quedó atrás: viaja en cada nicaragüense que se niega a rendirse.

    Quienes permanecen en Nicaragua viven bajo el asedio diario de la delación y del Estado policial. Nuestro espíritu cívico debe enviarles un mensaje constante: no están solos. El exilio debe mantener encendido el fogón del futuro y diseñar desde ahora la Nicaragua democrática, justa y libre que nacerá cuando caiga la dictadura.

    Daniel Ortega y Rosario Murillo nos expulsaron de la geografía nicaragüense, pero no de su historia. Nos robaron nuestras tierras, pero ampliaron nuestro horizonte. Desde el destierro, el espíritu ciudadano no se apaga: se universaliza. Somos nicaragüenses en el exilio que caminamos con la frente en alto y con una certeza inquebrantable: las dictaduras pasan, pero la patria y su gente prevalecen.

    Floylan Callejas: ¿Cómo nació este libro, cuyo título —sin adjetivos ni preámbulos— publicaste recientemente?

    Henri Briceño Portocarrero: DESTIERRO no necesita adjetivos ni preámbulos porque la palabra en sí misma es un golpe mortal: evoca la violencia de ser arrancado del suelo propio, la intemperie del alma y el intento de un régimen totalitario de borrar tu nombre de la geografía nacional. Esta obra no es solo un ejercicio literario; es una necesidad de supervivencia, un mapa de suturas escrito con la tinta del desarraigo.

    El libro empezó a escribirse el día en que crucé la frontera hacia Costa Rica. Fue tomando forma durante mi tránsito por Francia e Italia y lo terminé en España. Cada página arrastra el polvo del camino, las lágrimas de no poder despedirme de familiares y amigos, y el eco de los compatriotas que, como yo, tuvieron que empacar su vida en una mochila improvisada y urgente. Escribir fue mi manera de reconstruir con palabras la casa familiar que me arrebataron y de afrontar la inmensidad de la distancia.

    La dictadura en Nicaragua no solo confisca bienes y persigue personas: también pretende confiscar la memoria histórica. DESTIERRO surge como un acto de legítima defensa frente a ese intento de amnesia colectiva. Es mi firma, mi huella y mi grito para decir que sigo existiendo. Al publicar este libro, le arrebato a la dictadura Ortega-Murillo el monopolio de la narrativa: ellos ordenaron mi destierro, pero yo decido cómo contar la historia.

    Aunque el sentir de sus páginas es profundamente nicaragüense y lleva el aroma de mi amado Jinotepe y de San Rafael del Sur, el libro conversa con una herida que cruza las fronteras. Nace para abrazar a la diáspora y ser el espejo de quienes caminan por el mundo con la patria sobre los hombros. La poesía no adorna el dolor: lo dignifica y muestra la crueldad del poder absoluto frente a la fragilidad y la fuerza del ser humano.

    DESTIERRO demuestra que el arte y la palabra pueden resistir cualquier decisión totalitaria. Me confiscaron incluso el pasaporte y me prohibieron regresar a mi propia nación, pero a través de estas páginas vuelvo a mi pueblo todos los días. Este libro es mi visa de regreso y la certeza de que, aunque nos hayan dispersado por el mundo, la memoria no conoce fronteras.

    Nació para demostrar que la palabra es un fuego capaz de enfrentarse a cualquier dictadura, en particular a la de Ortega y Murillo. Nos despojaron de nuestros bienes físicos, pero nos convertimos en diseñadores de una patria andante, hecha de tinta, dignidad y futuro.

    Floylan Callejas: Después de escribir y publicar DESTIERRO, ¿qué representa hoy el libro para ti y para los nicaragüenses que viven fuera de su país?

    Henri Briceño Portocarrero: Es un testimonio del destierro, pero también una manera de volver. Quiero que quien lo lea encuentre en sus páginas su propia experiencia, sus recuerdos y la certeza de que no está solo. La distancia puede separarnos de nuestra tierra, pero no puede quitarnos la identidad ni el derecho a imaginar y construir una Nicaragua libre.